domingo, 27 de noviembre de 2011

THE LOVELY BONES (Un triste consuelo)


Dirección: Peter Jackson.


Duración: 139 min.


Interpretación: Mark Wahlberg (Jack Salmon), Rachel Weisz (Abigail Salmon), Susan Sarandon (Lynn), Stanley Tucci (George),  Saoirse Ronan (Susie Salmon).



  Tenía una profesora de guión en París que decía que había dos cosas que el espectador no estaba preparado para ver en una película: la zoofilia o bestialismo, y el asesinato no vengado de un niño. Esta mujer había escrito guiones sobre ambos temas, y ninguno salió adelante. Estos europeos… Los autores del viejo continente no piensan tanto en el público como los norteamericanos, por eso estos últimos son los que dominan el mercado. Parece que Peter Jackson ha tratado de transgredir esta norma, pero finalmente no se ha atrevido a llevarla hasta sus últimas consecuencias, quizá porque es imposible escapar de las pretensiones de la industria.

  Pensylvania, 1973. Susie Salmon, una niña de catorce años es asesinada. Desde el más allá observa a su familia y a su asesino mientras se debate entre saciar su sed de venganza y el deseo de que su familia se recupere.

  Parece que el bueno de Jackson abandona las historias titánicas y épicas para abordar una narración más íntima, pero no por ello renuncia al uso (y a veces abuso) de efectos visuales epatantes y espectaculares, sin duda, lo mejor de la película en su creación de ese limbo infantil y multicolor, tan pop y a la vez tan turbio por momentos. Y es que la película oscila continuamente, sin encontrar un equilibrio, entre la ñoñería más glauca y la violencia (sugerida, que es peor) más cruda, encarnada en ese desasosegante y repulsivo asesino que encarna a la perfección Stanley Tucci, al que odias con toda el alma durante el tiempo que dura la película. Es el mejor de todo el elenco actoral, francamente desaprovechado en pos de lo visual en una historia que no lo requería tanto, lo que resulta sangrante si contamos con el talento de Susan Sarandon, Rachel Weisz y ese genio precoz que es la actriz Saoirse Ronan (nominada al Oscar con sólo trece años por “Expiación”), que da vida (paradójicamente) a una adolescente que crece y descubre los misterios de la vida después de muerta.

  Porque la película no es sino un original viaje iniciático, con el que es fácil identificarse y empatizar, y quizá por eso (y puede que éste sea su mayor logro y a la vez su principal defecto) resulte tan irritante ese final a medio camino, como para contentar a todos, pero sin definirse, que no se arriesga a mostrar al criminal impune, pero tampoco se atreve a dejarlo libre; que nos da venganza pero no, que da una suerte de justicia facilona, un triste consuelo que no consuela.



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