martes, 13 de diciembre de 2011

UN DIOS SALVAJE (Tu quoque)



Título original: Carnage. 
Dirección: Roman Polanski 
Año: 2011.
Duración: 79 min. 
Interpretación: Jodie Foster  (Penelope Longstreet), Kate Winslet (Nancy Cowan), Christoph Waltz (Alan Cowan), John C. Reilly (Michael Longstreet). 
Guion: Roman Polanski y Yasmina Reza; basado en la obra teatral homónima de Yasmina Reza. 


  Consultemos la Wikipedia, que para eso está: 
Se denomina tu quoque (locución latina que significa ‘tú también’) al argumento que consiste en rechazar un razonamiento, o considerarlo falso, alegando la inconsistencia de quien lo propone. Es, por tanto, una variante de la falacia ad hominem, o de la falacia ad personam (cfr. Perelman) o ataque personal, mediante la cual se procura demostrar que una crítica o una objeción se aplica igualmente a la persona que la realiza, rechazándola sin entrar a analizarla. Así la persona pierde credibilidad al ser presentado como un hipócritaTu quoque es el comienzo de la célebre exclamación tu quoque, fili mi! (‘¡Tú también, hijo mío!’)de Julio César cuando vio que, entre los conjurados, Bruto, su protegido, también empuñaba el puñal para asesinarlo (15 de marzo del 44 a. C.) 
  Todo esto para decir que esta película, la última del director Roman Polanski y la primera tras su arresto domiciliario, trata sobre la hipocresía y los hipócritas. 

  Dos niños de unos once años se enfrentan con violencia en un parque. Labios hinchados y algún diente roto. Los padres de la “víctima” han invitado a su casa a los padres del “matón” para resolver el conflicto. Lo que comienza siendo una charla con bromas y frases cordiales, adquiere un tinte más violento a medida que los padres van revelando sus ridículas contradicciones y grotescos prejuicios sociales.

  En efecto, las dos parejas protagonistas se creen el summum de lo cívico y respetuoso, no hay nadie más educado y tolerante que ellos. Pero, sin saber muy bien cómo ni por qué, los resortes sociales acaban por ser destrozados gracias a una estructura dramática perfecta que va in crescendo y terminan por mostrar su verdadera cara, todos y cada uno de ellos, y no les gustará ni a ellos ni a los otros. Mirarse al espejo es lo que tiene. 

  Se ha dicho que esta película es una muestra más de la genialidad de Polanski. Polanski es genial, eso es cierto, pero no todo lo que hace tiene por qué serlo. La película es buenísima, ácida y crítica, despiadada, se disfruta cada minuto, pero no se ve a Polanski, podría ser obra de cualquier otro buen director. No es un reproche, es que con semejante texto teatral del que partir, obra de la mayúscula Yasmina Reza de solvencia más que probada, y con semejantes y mayúsculos actores, era imposible hacerlo mal. El planteamiento espacio-temporal de la trama hace que se asemeje más al teatro filmado que a una película en sí. El goce es ver cómo esos actores desgranan sus líneas, disfrutando tanto como ellos. Se lo pasan bien y se nota. Todos están perfectos, no sobra ninguno. Destaca Christoph Waltz dando nuevos matices a su sempiterno personaje de malvado carismático, si bien aquí no se se le puede tratar de malvado en sentido estricto, tan sólo de gilipollas. John C. Reilly quizá sea el que menos destaca, pero si se le quitara de la ecuación, las cuentas no saldrían. Ver a Jodie Foster y Kate Winslet perder los nervios es algo que merece ser visto una vez en la vida. La Winslet tiene el papel que depara más momentos cómicos (exceptuando el magnífico gag recurrente del móvil de Christoph Waltz, al que se han reservado las mejores frases), mientras que a Jodie Foster le ha tocado en gracia el personaje que peor cae de todos, con todo el mérito que eso conlleva en un reparto repleto de personajes antipáticos. Su acongojada frase "Yo pienso mucho en África" llena de vanidosa dignidad, es uno de los momentos interpretativos del año.

  Véanla. El ego no se lo agradecerá, pero, ¿y lo a gusto que se van a quedar?




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