viernes, 20 de enero de 2012

PINA (Danzad, danzad... o estaréis perdidos)



Dirección y guión: Wim Wenders
Año: 2011. 
Duración: 103 min. 
Intervenciones: Pina Bausch, Regina Advento, Malou Airaudo, Ruth Amarante, Rainer Behr, Andrey Berezin. 


  Yo no sabía quién era Pina Bausch hasta que vi una pieza suya al comienzo de "Hable con ella", de Almodóvar. Dos mujeres vestidas de camisón, una de ellas la propia Pina, desfilaban como sonámbulas por el escenario lleno de sillas mientras un hombre debía apartarlas con celeridad para que no tropezaran. Se trataba de "Café Müller" y aunque no entendí nada, el magnetismo y la fuerza de esa danza me conmovieron. Me ha ocurrido con otros espectáculos, pocos, de danza contemporánea que he presenciado: mi cerebro no entiende lo que ve, pero mi corazón se conmueve como con ninguna otra expresión artística. Lo mismo me ocurre con esta película. 

  “Pina” es un largometraje en 3D sobre la Tanztheater Wuppertal Pina Bausch, compañía de danza fundada por la gran coreógrafa alemana. A través de un viaje sensual, visualmente muy impactante, Wenders acerca al espectador sus coreografías más conocidas. Está rodado íntegramente en escenarios urbanos y naturales de Wuppertal, ciudad alemana en la que Pina Bausch residió durante 35 años y hogar de la Tanztheater Wuppertal Pina Bausch. 

  La película se concibe como un homenaje a la coreógrafa (muerta  de manera imprevista por un cáncer fulminante hace un par de años) y a su particular manera de entender la danza, más cercana a la expresividad corporal y gestual que a la propia danza en ocasiones. Las coreografías se suceden intercaladas por breves entrevistas en off con sus alumnos o colaboradores, y es tal el caudal de elogios, merecidos sin duda pero abrumador, que la figura adusta y humilde de la bailarina casi parece objeto de una hagiografía. 

  Basada casi por entero en los espectaculares y extraños montajes de la Bausch, cuya fuerza expresiva, ya de por sí potente, es realzada por una maestra utilización de la luz, los encuadres y la música, con movimientos y temas que se quedan grabados a fuego en la mente como "Lilies in the valley" y "The here and after", ambos de Jun Miyake. Los escenarios naturales también contribuyen a darle plasticidad y carga estética a las coreografías, así, el ferrocarril colgante de Wuppertal o las traviesas escultóricas que el pintor vasco Agustín Ibarrola tiene expuestas en una mina de carbón en la región del Ruhr, incluida en el montaje de la coreografía final, se convierten en extraordinarios escenarios que acentúan la expresividad del conjunto. Sin embargo, la profusión de números coreográficos los hace en algún momento repetitivos para el espectador poco habituado a la danza y es tal la avalancha de emociones que cada coreografía nos hace sentir, nunca antes experimentadas con otra película documental, que el exceso nos satura en ocasiones, incapaces ante tanta belleza de asimilarla por completo. 

  Calificada como "apta para todos los públicos", ofrece una experiencia cinematográfica y emocional única que requiere de una mentalidad abierta y dispuesta a dejarse llevar por las imágenes y los movimientos. Sólo entonces la frase de la coreógrafa que titula esta reseña cobrará sentido dentro de nosotros. Y sabremos que no estamos perdidos.



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