lunes, 2 de enero de 2012

EL TOPO (El eterno retorno)





Título original: Tinker, tailor, soldier, spy. 
Dirección:Tomas Alfredson
Año: 2011.
Duración: 127 min. 
Interpretación: Gary Oldman (George Smiley), Colin Firth (Bill Haydon), Tom Hardy (Ricki Tarr), John Hurt (Control), Mark Strong  (Jim Prideaux), Benedict Cumberbatch (Peter Guillam), Stephen Graham (Jerry Westerby), Ciarán Hinds (Roy Bland), Toby Jones (Percy Alleline), David Dencik  (Toby Esterhase). 
Guion: Bridget O’Connor y Peter Straughan; basado en la novela homónima de John le Carré.


  Hace apenas unos días, el 25 de diciembre, se cumplieron 20 años de la desintegración de la Unión Soviética. Dicha celebración coincidió con las manifestaciones más grandes que se recuerdan en Rusia desde hace décadas contra el presunto (y ponemos presunto como mero formalismo) fraude electoral de Putin en las elecciones. La Guerra Fría hace mucho que acabó, pero sus efectos se dejan sentir todavía hoy. Quizá por eso, una película como ésta que aquí reseñamos (estrenada en España dos días antes del aniversario antes citado), ambientada en plena Guerra Fría, en los 70, pudiera parecer obsoleta y anacrónica, pero lo que nos cuenta es de una gran vigencia.

 El fracaso de una misión espacial en Hungría desencadena un cambio en la cúpula de mando de los servicios británicos. Uno de los defenestrados es el agente George Smiley. Cuando Smiley ya se ha hecho a la idea del retiro, le encargan una misión especial. Hay sospechas de que un “topo” está infiltrado entre las altas instancias del Servicio y sólo alguien de fuera puede descubrirlo. Con ayuda de otros retirados y de algún agente fiel, Smiley irá recabando información y encajando las piezas que le lleven al traidor. Por el camino encontrará historias de traición, ambición y mentiras.

  Estamos ante una película de espías, eso está claro. Pero no es "Misión Imposible" ni nada que se le parezca. Esta película hace gala de un ritmo pausado, alejado del tono frenético de la saga James Bond, y, sin embargo, es esta misma cadencia tranquila y desusada la que genera esa tensión tan fría y enrarecida que compartía la anterior película del director, la excelente historia de amor vampírico-infantil "Déjame entrar"La historia en sí, no cuenta nada que no se haya contado antes en una película de espionaje, y uno acaba perdido entre tanta trama y nombre y corporación enemiga y misones diversa y movimientos de ajedrez, como en toda película basada en un relato de ese antiguo espía llamdado John Le Carré. Lo que la hace única es ese estilo tan personal del director y su dirección sobria pero maestra  (subrayada por la maravillosa música compuesta por Alberto Iglesias) hasta despertar la admiración del espectador entendido, para realizar una reflexión sobre el alma humana.

  No es tanto, pues, una película de acción como de personajes, de sus intrigas, de sus pensamientos y motivaciones que les llevan a cometer sus actos. Estos personajes, como en la vida real, no son planos, no hay buenos ni malos, tan sólo espías que hacen su trabajo, un trabajo muy sucio. Espías magníficamente interpretados por un elenco sin fisuras repleto de grandes nombres, desde el siempre magnífico y cada vez más superlativo Colin Firth, pasando por el despreciable Toby Jones, el efectivo Jim Prideaux, el impresionante John Hurt... Sin olvidar a Tom Hardy en un papel no muy grande pero crucial e intenso. Sin embargo, es Gary Oldman quien se lleva la palma. Uno de los actores más camaleónicos del cine, que nos ha regalado personajes tan histriónicos como el agente Stanfield de "Léon (El profesional)", el malvado Jean-Baptiste Emanuel Zorg de "El quinto elemento" o el narcotraficante Drexl Spivey de "Amor a quemarropa" hace una interpretación magistral como el agente Smiley, trasunto del propio Le Carré, con una economía de gestos tras la cual transmite la personalidad de un hombre fiel a sus principios, aun cuando éstos puedan no ser los correctos según cambie el signo de los tiempos. Un hombre íntegro al que uno confiaría su vida, aun sabiendo que pueda matarte.

  Si algo aprendemos de esta película es que nada es lo que parece. Y esto era así antes y después de los tiempos de la Guerra Fría. Mercedes Sosa tenía razón, Todo cambia, pero la esencia sigue. El mundo quizá no sea tan diferente a como era, quizá no cambiemos tanto como creemos, quizá no cambiemos y punto. O quizá sí. (La duda siempre cambia y es la misma.)








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