viernes, 10 de febrero de 2012

WAR HORSE (Mi reino por un caballo)

 


Dirección: Steven Spielberg
Año: 2011.
Duración: 146 min. 
Interpretación: Jeremy Irvine (Albert), David Thewlis (Lyons), Emily Watson (Rose), Toby KebbellDavid Kross (Gunther), Peter Mullan (Ted), Niels Arestrup (abuelo), Eddie Marsan (sargento Fry), Benedict Cumberbatch (Major Jamie Stewart)
Guion: Lee Hall y Richard Curtis; basado en la novela de Michael Morpurgo
Música: John Williams


  Cuenta la leyenda (así como Shakespeare) que el rey Ricardo III de Inglaterra se enfrentó solo en la batalla de Bosworth a las huestes de Enrique Tudor, que ambicionaba su trono, cuando sus propios hombres retrocedían. A mitad del envite, su caballo tropezó a causa de un clavo suelto en una herradura en una de sus patas y huyó despavorido dejándolo a merced de sus enemigos gritando la famosa frase: ¡Un caballo, un caballo! ¡Mi reino por un caballo!. Perdió la batalla, por supuesto. La enseñanza de esta famosa anécdota (que ha inspirado programas de televisión y canciones de grupos italianos)es que hay que hacer las cosas bien, con paciencia y minuciosidad, pues el más mínimo detalle puede ser vital en la consecución de una empresa mayor. Un clavo costó un reino. 

  Así de minucioso debe de ser Spielberg y más si un caballo es el protagonista de su nueva película, basada en una novela juvenil que nos cuenta la extraordinaria historia de amistad que surge entre el joven Albert y un caballo llamado Joey, separándose sus caminos a causa de la Primera Guerra Mundial. A pesar de los obstáculos que encuentra en su camino, el coraje del caballo será fuente de inspiración para todos los que se cruzan con él, mientras Albert lo busca incansablemente en los campos de batalla de Francia para traerlo sano y salvo a casa.

  No les voy a decir el final, pero habiendo leído lo anterior, seguro que ya lo saben. En definitiva, esta historia es puro Spielberg para lo bueno y para lo malo: típica y predecible historia bigger than life de jovencito ingenuo contra el mundo que madura a base de pasar por pruebas que le cambian la vida pero de las que sale reforzado y confiando en los buenos sentimientos de las personas. Añádanse una tensa relación padre e hijo, un final edulcorado y un héroe inesperado y tierno (en este caso, un sorprendentemente expresivo caballo, pero podría haber sido E.T. o un niño robot abandonado) y tendrás un taquillazo para toda la familia con una buena dosis de ñoñería y seis nominaciones a los óscar. Esto es lo malo, lo bueno, es todo lo demás: fotografía esplendorosa, banda sonora impresionante, dirección magistral, secuencias de quitar el hipo, planazos dignos de estudio, reparto internacional de auténtico lujo con multitud de actores luciéndose en breves apariciones... porque aquí el protagonista es el caballo, no nos engañemos, que actúa como hilo conductor de varias historias (algunas más interesantes que otras) marcadas por la Gran Guerra ofreciendo un fresco histórico de esa época convulsa. Entre los actores, destacar a todos los británicos, desde Peter Mullan hasta Emily Watson pasando por Benedict Cumberbatch y en especial, el abuelo interpretado por Niels Arestrup. El coprotagonista humano hace un trabajo decente, aunque su "buenismo" lo convierte en un personaje casi plano.

  A pesar de la dirección propia de un maestro y de algunas secuencias memorables -sobre todo aquellas que transcurren en la batalla del Somme, tan magníficamente dirigida que recuerda a aquella otra, mítica, del desembarco de Normandía al comienzo de "Salvar al soldado Ryan" (aun sin ser tan buena como aquélla: es difícil superarse a uno mismo si se es Spielberg) o los soldados enemigos haciendo un momentáneo, enternecedor y cómico alto el fuego para ayudar al caballo, con reminiscencias de "La vaquilla" y hasta de Gila- la película se hace pesada en algunos momentos y adolece de una falta de originalidad y un clasicismo argumental que nos hacen añorar propuestas más arriesgadas, por mucho que nos consolemos con el buen hacer y la mano maestra del Rey Midas de Hollywood.

  Spielberg es un rey, y su reino es de este mundo, aunque en sus películas nos haga creer lo contrario.

  



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