jueves, 29 de marzo de 2012

EL BULLI: COOKING IN PROGRESS (Con las manos en la masa)



Dirección: Gereon Wetzel. 
País: Alemania
Año: 2011. 
Duración: 108 min. 
Género: Documental.
Intervenciones: Ferran Adrià, Oriol Castro, Eduard Xetruch. 


 Ferran Adrià y su equipo han hecho del aforismo “creatividad es no copiar”, de Jacques Maximin, el lema de su quehacer diario. Esta película documental alemana es una estrecha mirada a esa búsqueda desde la experimentación inicial hasta el estreno del plato final.


  En efecto, la película ofrece una mirada tan estrecha que se mimetiza con el frío (a la par que extrañamente apasionado) proceso de elaboración de recetas y platos inimaginables del que ha hecho gala el gran cocinero vasco, tanto, que casi se diría que no se dedica a la cocina sino a la alquimia. Más que una cocina, los fogones parecen un laboratorio bajo el mando de un genio peculiar que impone su mandato con carisma y confianza, pero también con una firmeza que a veces resulta tiránica.


  Interesante indagación en uno de los restaurantes y cocineros más sorprendentes y enigmáticos, cobra especial trascendencia ahora que el restaurante ha cerrado definitivamente sus puertas para convertirse en una fundación, y nos ofrece así, la única posibilidad que tendremos de "degustar" dichos platos. 


  Sin embargo, y como ocurre con la propia cocina de vanguardia (por cierto, el film también ofrece una interesante reflexión sobre los límites del arte)va dirigido sobre todo a un público específico, el de los entendidos, estudiantes de gastronomía, los sibaritas, o simplemente los que tengan tanto dinero como para pagar el menú, si se hubiera dado el caso. Una película destinada a los seguidores de Adriá, si bien los mayores descubrimientos de la película son sus colaboradores más estrechos, que llegan a ocupar una parte importante del metraje.


  A los que nos conformamos con unos huevos fritos, la película se ve con cierto distanciamiento llegando incluso a aburrir, sobre todo dada su larga duración, lo lento de su ritmo y su afán tremendamente descriptivo, hasta el punto de mostrarnos en foto fija toda la carta de platos, uno por uno, tras veinte minutos de plano fijo viendo cómo come el cocinero las creaciones de su equipo. 

  

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