sábado, 28 de abril de 2012

LAS NIEVES DEL KILIMANJARO (La dignidad del perdedor)



Título original: Les neiges du Kilimandjaro. 
Dirección: Robert Guédiguian. 
Año: 2011.
Duración: 107 min. 
Interpretación: Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Marilyne Canto, Grégoire Leprince-Ringuet.
Guion: Robert Guédiguian y Jean-Louis Milesi; basado en un poema de Victor Hugo. 

Sinopsis: A pesar de haberse quedado sin trabajo, Michel es feliz con Marie-Claire. Hace 30 años que se aman. Se enorgullecen de sus luchas políticas y sindicales. Sus conciencias son tan transparentes como sus miradas. Pero su felicidad se hará pedazos cuando dos hombres armados y enmascarados les agreden y les roban en su casa.

  Decía esta misma semana a propósito de la película "Kiseki"
Bellamente rodada, el mayor logro de la cinta es que, en su aparente sencillez, uno siente ver la vida pasar. La vida de verdad, tan grandiosa e insignificante en su cotidianeidad que, de tan conocida, uno no se para a pensar en su belleza. Esta película nos hace parar y pensar. Para ello se vale de una observación minuciosa de los pequeños detalles y en dejar que las escenas fluyan con su propio ritmo. 
 Esto mismo, palabra por palabra, define también la esencia de esta maravillosa película francesa, por muy diferente que sea de la japonesa. Los detalles en este film no son típicos de la sociedad nipona, sino esas pequeñas glorias cotidianas del mediterráneo marsellés en el que se ambienta: comidas familiares al sol, barbacoas, baños en la playa, sardinas fritas, o una copita de licor en una terraza. 

  El título no se refiere al relato de Hemingway que dio título a uno de sus más conocidos volúmenes de cuentos (ni es por supuesto, una nueva adaptación cinematográfica de este libro), sino que se basa más directamente en la canción que sobre este cuento hizo Pascal Danel. Al contrario, el argumento está libremente inspirado en el poema de Víctor Hugo Les Pauvres Gens (La gente pobre), y como una versión de éste, relata las vicisitudes de un matrimonio feliz y proletario que debe enfrentarse a la prejubilación forzosa del marido, obligados a reconsiderar ante la crisis actual en qué quedaron sus ideales socialistas, qué han perdido en el camino hacia la comodidad y la pequeña burguesía.


  Magníficamente interpretada por los impresionantes actores habituales del cine de Guédiguian (Ascaride, Darroussin, Meylan),la cinta propone, con un realismo casi documental, una reflexión sobre el comportamiento humano enfrentado a las crisis sociales y económicas y cómo éstas se acaban convirtiendo en crisis de valores; elevándose como un llamamiento a la solidaridad en tiempos difíciles.

  Hay una dignidad que el vencedor no puede alcanzar, decía una frase de Borges que Mario Benedetti recoge en su maravilloso poema "Somos la catástrofe", sobre la importancia de no dejarse humillar por las revoluciones perdidas, de mantener la cabeza alta en la derrota. Esa misma cabeza alta que propugna este film imprescindible: la dignidad de saberse derrotado, pero no creerse humillado


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