sábado, 19 de mayo de 2012

SEIS PUNTOS SOBRE EMMA (Corazón que no siente)


Dirección: Roberto Pérez Toledo.
Año: 2011.
Duración: 85 min.
Interpretación: Verónica Echegui (Emma), Álex García (Germán), Fernando Tielve (Diego), Nacho Aldeguer (Ricky), Mariam Hernández (Lucía), Antonio Velázquez (Jorge).
Guion: Roberto Pérez Toledo y Peter Andermatt.

 
Sinopsis: Emma tiene casi treinta años. Sus ojos están ciegos pero ella cree verlo todo muy claro: quiere ser madre. Lo ansía de forma obsesiva. Tras descubrir que su novio no podrá dejarla embarazada, rompe con él y emprende la búsqueda de un espermatozoide perfecto. Sin enamorarse, sin sentimientos. Parece fácil, pero no tardará en descubrir que su ceguera no reside únicamente en sus ojos.  

  “Ojos que no ven, corazón que no siente”. Este dicho popular, llevado al extremo con cierta ironía, es la base de la primera película del afamado cortometrajista Roberto Pérez Toledo, conocido por sus admirables cortos “Manguitos” y “Los gritones”, entre otros. En ellos, unos personajes entre lo cómico y lo trágico viven historias casi anecdóticas pero en su levedad esconden una reflexión profunda sobre las relaciones sentimentales.

La película sigue esta misma línea sin cometer por ello el error habitual de ser un cortometraje alargado. Lo mejor son sin duda sus personajes, en especial aquellos que conforman el grupo de terapia psicológica para discapacitados. Sus conversaciones, historias y reflexiones, por completo alejadas del habitual paternalismo y compasión son refrescantes y muy divertidas, hilarantes y enternecedoras. De entre todos ellos destaca el personaje de Nacho Aldeguer, cuyo convincente retraso mental le dota de una clarividencia e inteligencia encantadoras.

  Verónica Echegui, que interpreta a la protagonista, es un caso aparte. Sin su brillante interpretación no habría película. Su confundido personaje se nos muestra con una naturalidad pasmosa, completamente creíble, no sólo en sus logrados tics de invidente sino en su arrolladora personalidad, cáustica hasta lo hiriente con tal de evitar el dolor y el aislamiento. Logra que un personaje que podría resultar irremediablemente antipático nos resulte digno de respeto y amor, aun cuando no entendamos ni aceptemos sus actos. Frente a ella (al que se le augura una más que probable carretada de premios) los dos personajes masculinos que conforman el extraño triángulo amoroso en el que se ve inmersa, quedan desdibujados y carentes de su misma fuerza, sobre todo el de Fernando Tielve. Conforme avanza la trama -estructurada en seis puntos como el alfabeto Braille- los derroteros sentimentales de la protagonista con el psicólogo del grupo van ganando peso en detrimento de las reuniones de discapacitados. Se pierde así de manera consciente la gracia del principio y se gana en gravedad, pero el espectador (al menos en este que soy yo) pierde asimismo el interés al encontrar esta historia “romántica” menos original y estimulante que la del grupo.

 Sin embargo, y a pesar de sus fallos, el director lanza una interesante reflexión sobre qué entendemos por minusvalía y deja claro su mensaje de que las discapacidades emocionales son peores que las físicas. 

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