viernes, 7 de noviembre de 2014

EL AMOR ES EXTRAÑO (El fantasma de Oscar Wilde )



Película: El amor es extraño. 
Título original: Love is strange. 
Dirección: Ira Sachs.
Países: USA y Francia. 
Año: 2014. 
Duración: 94 min. 
Género: Drama. 
Interpretación: Alfred Molina (George), John Lithgow (Ben), Marisa Tomei, Darren Burrows, Cheyenne Jackson, Manny Perez. 
Guion: Ira Sachs y Mauricio Zacharias.


Sinopsis: Después de 39 años de vida conjunta, Ben y George aprovechan la nueva ley y deciden casarse. De vuelta de la luna de miel, debido al revuelo mediático que generó su matrimonio, despiden a George de su puesto como director del coro de una escuela católica mixta. De pronto, la pareja descubre que no puede pagar la hipoteca de su pequeño piso en Chelsea, por lo que deben mudarse y venderlo. Pocos días después de celebrar la boda, el grupo de amigos y parientes vuelve a reunirse para ver cómo, entre todos, pueden ayudar a Ben y a George. 

  En los últimos días me he acordado de aquella vez en el colegio, en clase de inglés, tendría yo doce años, que leímos El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde. La profesora (se llamaba Saturnina pero todos la conocíamos como la señorita Satur) nos contó a grandes rasgos el final del escritor, que a pesar de ser uno de los más grandes en lengua inglesa, de su carisma e ingenio indudables, de su fama, había muerto en la bancarrota y repudiado, exiliado en París, con la salud quebrada tras haber pasado dos años condenado a trabajos forzosos en la cárcel de Reading. Un niño preguntó: ¿Y por qué le encarcelaron? La señorita Satur, con un reparo ostensible, dijo: “Hoy no le habría pasado”. No dio más detalles. La verdad era, es, que Wilde fue acusado de sodomía, y de ser el perversor de su joven amante Alfred Douglas, cuya belleza andrógina y maldita le llevó a la perdición y le inspiró el personaje de Dorian Gray. Todo el proceso está narrado en la larga epístola que le escribió en la cárcel y que constituye su imprescindible libro De Profundis, en cuya lectura me encuentro ahora sumido.
  Ira Sachs, director de esta El amor es extraño, narraba en su anterior film Keep the lights on una historia parecida y también autobiográfica: su relación de diez años con un hombre más joven y adicto al crack, una aproximación desgarrada y valiente a los propios demonios. El amor como prisión. Su nueva película supone un contrapunto a esa obra anterior, un reverso tierno y sosegado de otra relación homosexual, si bien el género de la pareja acaba por ser anecdótico. Uno ve a dos hombres maduros que después de casi cuatro décadas de vida conjunta se casan en Nueva York, aprovechando la nueva ley que permite el matrimonio homosexual. Poco después, aquel a quien interpreta Alfred Molina pierde su empleo, lo que les obliga a dejar su apartamento y mudarse con amigos y familiares hasta lograr la difícil tarea de encontrar un piso que puedan pagar. La película transcurre así entre las vicisitudes cotidianas que toda convivencia forzada impone, por mucho que se quiera a aquellos que lo acogen a uno. "A veces, cuando vives con gente, acabas conociéndola demasiado bien", dice el personaje de John Lithgow. 
  La cinta, que contiene también sutiles tintes autobiográficos, está rodada con delicadeza y precisión, y con un magistral uso de las elipsis. Una fotografía luminosa y una banda sonora donde destacan las composiciones de Chopin envuelven las impecables y naturalistas interpretaciones de todo el elenco, en especial a la pareja protagonista. Cabe mencionar la interpretación del joven Charlie Tahan en la hermosa escena final. Todo hace de ella una gran película que tiene en su predecesora a su principal competidora, a cuya altura no llega, si bien se le acerca.
  Lo que más agradece uno, sin embargo, es que hable del amor homosexual sin dramatismos ni etiquetas, sin tópicos, mostrando sólo la historia normal de dos personas que se aman y cuyo amor es tan extraño como el de cualquiera. Una propuesta inconscientemente osada, al parecer: en Estados Unidos ha obtenido la clasificación “R” (no recomendada para menores de 17 años) y que se otorga a películas donde se muestra sexo explícito o lenguaje ofensivo. Nada de eso hay en esta película.

  Ante esto último Oscar Wilde tendría una réplica mordaz, el resto visitamos su tumba en Père-Lachaise.  


domingo, 2 de noviembre de 2014

LA SAL DE LA TIERRA (Luz en la oscuridad)


Dirección: Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado
Año: 2014
Guión:  Wim Wenders, Juliano Ribeiro Salgado
Fotografía: Hugo Barbier, Juliano Ribeiro Salgado
Sinopsis: Desde hace cuarenta años, el fotógrafo Sebastião Salgado recorre los continentes captando la mutación de la humanidad. Testigo de grandes acontecimientos que han marcado nuestra historia reciente: conflictos internacionales, hambruna, éxodos, etc., ahora emprende camino hacia territorios vírgenes con grandiosos paisajes, descubriendo una fauna y una flora silvestres en el marco de un proyecto fotográfico gigantesco, tributo a la belleza del planeta. Su hijo Juliano, quien le acompañó en sus últimas travesías, y Wim Wenders, también fotógrafo, comparten con nosotros su mirada acerca de su vida y su obra.


  Y dijo Dios: sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Génesis, 1: 3-5 

  Estos versículos del Génesis definen no sólo el último y colosal proyecto homónimo del fotógrafo Sebastião Salgado, en el que plasmó la riqueza natural del planeta, sino que definen también el oficio de fotógrafo: ese testigo del instante que necesita de la luz para ser, que arranca luz de las sombras. Precisamente porque trabaja con la luz, el fotógrafo vive cercano a las sombras, es Dios en su habitación oscura.  

  Ese conocimiento terrible del oficio de fotógrafo y de la existencia humana es lo que brinda este documental de afanosa elaboración, una loa a la carrera y la figura de uno de los fotógrafos más importantes de las últimas décadas. A través de sus diversos proyectos, desde aquellas primeras y espectaculares  fotos de las minas de oro de Sierra Pelada, hasta los que le consagraron, como Éxodos, donde la escalofriante belleza de sus instantáneas de los tuaregs en su peregrinar por el Sahel y de los muertos de la guerra de Ruanda daban voz a todos los desposeídos del mundo, Salgado desgrana su peripecia vital y artística, en una suerte de clase magistral. Dirigida con dos estilos bien diferenciados, que exploran determinadas facetas del fotógrafo, encargándose Wim Wenders de la parte más profesional y pública, y Juliano Ribeiro Salgado, hijo de Sebastião, de la más cotidiana y personal, la película es de una belleza apabullante e hipnótica como la propia fotografía de Salgado. No en vano, las partes en blanco y negro buscan reproducir esa luz crepuscular y argentada tan característica de las imágenes que le han hecho célebre.

  Como ya ocurría con Pina, el excelente documental de Wenders sobre la coreógrafa Pina Bausch, el acercamiento al personaje no es objetivo, ni lo pretende. No hay asomo alguno de crítica hacia los últimos trabajos del fotógrafo, tildados de artificiales en exceso. Ni tan siquiera se plantea la objeción más recurrente que recibe su fotografía, acusada de esteticista, de embellecer la tragedia y el horror. Salgado no responde a esta cuestión fundamental porque la pregunta nunca se le plantea. Pierde así el film la posibilidad de llegar hasta el fondo de la personalidad magnética y extraordinaria de Salgado, de quien tan sólo se apuntan unos leves detalles sombríos, como cuando resume su desencanto con la raza humana: “Somos un animal terrible, nosotros los humanos. Nuestra historia es una historia de guerras. Es una historia sin fin, una historia de locos". Además, como también pasaba con Pina, la película adolece de ritmo, basando gran parte de su metraje en el mero muestrario de fotografías sublimes que, por repetición, acaban por abrumar al espectador, como si estuviera viendo un PowerPoint de lujo. Y perdonen la boutade herética.

  Pero que no se me malinterprete: estos fallos no empañan el resultado final, que es una película a todas luces excelente, imprescindible para todo amante de la fotografía y la antropología, toda alma sensible. Lo que queda cuando se encienden las luces de la sala es la sensación de haber asistido a un viaje por la maravilla y el horror guiados por un hombre de talento insultante, y por tanto, bendecido y maldito. Como todos nosotros. 






sábado, 27 de septiembre de 2014

A Estela Ortiz Sánchez


Querida Estela:

Te escribo aunque sé que no me leerás y que lo hago más por mí que por ti. Si te escribo es porque no sé hacer otra cosa, y también porque es algo que siempre nos ha unido, desde que ganábamos ex aequo los concursos de redacciones del colegio, por no hablar de las infames obras de teatro que escribimos y representamos en esos años escolares. 
No recuerdo cuándo ni dónde ni cómo nos conocimos, nuestra amistad se remonta a antes de que tuviéramos memoria. No recuerdo mi vida sin ti. De un modo u otro tú siempre estabas ahí. Cuando me sucedía algo, tú eras la primera en enterarte. Y después Esther. De hecho, estoy convencido de que yo quería que me pasaran cosas sólo para poder contártelas.
Tú fuiste la primera a la que vi cuando regresé de mi Erasmus. Quedamos el 14 de julio de 2009, en la estación de metro de Oporto y mientras, como tantas veces, paseábamos por la calle de la Oca, yo te conté que me había enamorado y tú, como si no tuviera importancia, que te habían diagnosticado cáncer. No sé cómo, llevados sin duda por ese talento que tenías para aliviar y empequeñecer los dramas, con esa dignidad contundente y natural que ni siquiera la enfermedad te logró arrebatar, acabamos hablando entre risas de todo menos del cáncer, mientras comíamos un helado en el McDonald’s que hay justo frente a este hospital donde hoy estamos, apenas cinco años después.
A penas. Que tu enfermedad y muerte son algo injusto y cruel es una obviedad. La vida también se equivoca, y nunca le perdonaré que te haya hecho esto y de este modo; pero siempre le estaré agradecido por haberme permitido conocerte.
Tú eres mucho más que tu muerte, Estela. Tu solo recuerdo da sentido a esta vida desatenta. De un modo u otro, tú siempre estarás ahí. Y nuestras vidas nunca estarán vacías porque exististe tú, y nuestro futuro siempre estará marcado por las estelas de tu luz.


Duerme, vuela, reposa: Estela. 




(4 de Febrero de 1987 - 25 de Septiembre de 2014)